Esta nueva edición del poemario Ánima nace como acto de manifiesta devoción, como mismo escribe José Kozer al final de su prólogo. Devoción al poeta en primerísimo lugar, y además a su visión inagotable de la poesía como generadora de vida. A partir del encuentro (hace unos cinco años) con la edición de 2002 del Fondo de Cultura Económica, me sentí profundamente conmovido e invitado a la creación. Fue, afortunadamente, un sentimiento compartido por muchos de los amigos artistas con los que trabajaba. Las entrevistas a Kozer que me llegaron a través de Michel Mendoza, y que luego circulamos por todo el grupo, confirmaban una y otra vez la palabra certera y generosa capaz de echar raíces en medio de la desolación. La inspiración creció como reverencia horizontal al espacio propio de su poesía, y unida al deseo de compartirla, fue suficiente motivación para desarrollar pequeños proyectos expositivos.

En aquel entonces, en el año 2015, la poesía de Kozer inauguró para mí, y me atrevería a decir que para todos, un espacio de reconciliación con la materia ultrajada que es hoy Cuba. De alguna manera, las ideas que desplegamos en aquella exposición muy experimental titulada Ánima, realizada como parte de Espacios Ibsen, convocaban a los artistas a trabajar en medio de ese sentimiento de fracaso cotidiano revestido de revelación que contiene la poesía Kozeriana. Esa ambición de crear estancias o pasajes que afectaran al espectador de manera sensible siempre había estado en nuestros proyectos anteriores. Sin embargo, la poesía de Kozer, y en especial este poemario, traía a la circularidad asfixiante de nuestro entorno un centro del cual sostenerse. Y ese centro, en sus desenvolvimientos sucesivos, es lo que ahora llamamos memoria dentro del colectivo Ánima, sí, porque Ánima transmutó de poesía inspiradora a exposición de arte, a grupo de amigos escritores y artistas que continúan trabajando juntos en pos de una misma ambición: recordar, salvar a través de la memoria.

Como ha escrito Anamely Ramos:

“La memoria no es breve; a su naturaleza espontánea y sistemática le siguen procesos de confirmación y distorsión constantes. También, ausencias y fantasmas. En esta reescritura afloran subjetividades y sentidos, no sólo para encontrar lo perdido sino para atender los nuevos roles de los que recuerdan y por qué lo hacen.”

En el caso del presente libro, celebrando los 80 años de vida del poeta, hemos querido volver al poemario y crear esta edición desde el colectivo Ánima. Aquí, la devoción se desdobla y participa por un lado de la propia devoción del poeta a ese centro, o centros, que lo eluden, y por otro, la devoción al espacio de creación cotidiana de José Kozer. A partir del propio centro que ejercen los sesenta poemas con su prólogo, intervenimos esta reedición con mis partituras vacías, a las cuales he llamado Canales de desagüe. Cuando a mediados del año 2015 compuse los Once Preludios en La para Viola Solo sentí la necesidad de permanecer en el pórtico (preludio), de ensayar una y otra vez una letanía inicial. A partir de un tono fijo evidente (la cuerda La de la viola) sugiero esa idea que él explica en el prólogo del poemario, ese tono peculiar que fue tejiendo poema tras poema.

Ahora, cinco años después, emergen finalmente las obras centrales, utilizando términos musicales, emerge la Sonata o la Suite de movimientos. Sin embargo, en estas obras más que un tono, descubrimos un espacio, una ausencia, son cajas vacías. Las partituras vacías de Canales de desagüe hacen referencia a ese espacio potencial de creación, a ese juego infinito de encuentro y extensión que propicia el diálogo horizontal y abierto con la poesía. Ellas se desdoblan y desde la propia visualidad aparentemente totalizadora proponen una infinita capacidad de materializaciones.

Como anexo se incluye un catálogo del fotógrafo Juan Pablo Estrada sobre aquella primera exposición titulada Ánima junto al texto que en aquel momento acompañó el proyecto.

Finalmente quiero, en nombre del colectivo Ánima, agrade- cer la cercanía y la amistad del propio poeta. Su ánimo conti- nuo y abierto, su compromiso cotidiano y enigmático.

Luis Alberto Mariño Fernández