Fábula contra el cautiverio: sobre los libros de Camila Lobón

Fábula contra el cautiverio: sobre los libros de Camila Lobón

[*Este texto es un fragmento de un largo ensayo que acompañará la nueva edición de Los Libros de Camila Lobón, de próxima aparición este año en una colección del sello editorial Almenara Press, Leiden. Este fragmento ha sido seleccionado para acompañar la discusión con la artista el 4 de marzo – ed. 2021]

Por: Gerardo Muñoz 

Fábula. Los libros ilustrados de Camila Lobón están atravesados por la energía inagotable de un viejo saber: la fábula. Cuando hablamos de fábula ciertamente no estamos aludiendo a la simple aventura esópica de un mundo encantado en el cual el humano vuelve a retomar sus diálogos inmemorables con los animales del Edén. Al contrario, la fábula es el trazo de la imaginación sobre la textura de una realidad clausurada sobre sus posibilidades. En cierto sentido, la fábula es el medio por el cual se descomprime la realidad, pero solo desde una pasión por el realismo, que es, a su vez, pasión de facticidad y de unamirada todavía embrujada por el entorno de los mortales. En efecto, la fábula y el origen de la filosofía suelen estar tan entremezclados en una misma prehistoria, que a veces se vuelven indistinguibles en su alcance especulativo. Tanto los dibujos de los animales en las cavernas como las fábulas de Esopo o los fragmentos presocráticos son portadores de una misma curiosidad de la especie por habitar en el mundo. El mismo Sócrates sabía que la fábula – y no el sol blanco de las certezas o el reino jerárquico de la política – constituía el punto más álgido del saber, puesto que sólo fabulando se podía entraren proximidad con la dimensión insondable de la existencia [1]. En un sentido específico, la fábula no es un mito ni una respuesta racional para dotar de legibilidad integral al mundo. La fábula busca, siempre en cada caso, generar un proceso de desficcionalización del orden sin pasar por una sustituciónmitológica de la irrupción temporal. Por eso, mientras que la risa de la muchacha tracia es un mito (es el testigo del accidente del saber del filósofo); la fábula no busca enmiendas compensatorias de los límites de la razón, sino que se inserta en la diversión de las especies del mundo. De ahí que, en realidad, todas las fábulassean del orden del destino más que del carácter: contra la prisión del exceso de las formas y sus predicados y declinaciones; la fábula libera los gestos y los sucesos del mundo desde una necesidad que prescinde de previo aviso [2]. Fabular es ciertamente una poética estoica, pero a diferencia de la escuela de Zenón ya no dispone de una eudaimonia superior. Y no es menor que así comience el Breve relato de una visita al zoológico (2017) de Lobón: “Frank decidió salir a caminar en busca de diversión”. ¿Qué es el divertimiento en una fábula? Es el acontecer mismo de la descomprensión contra una realidad que ha tomado la forma de un cautiverio. Fabular es siempre confabular contra la realidad. La poética de la fábula es, entonces, la instancia originaria de la imaginación una vez que ésta encuentra una salida del absolutismo de lo real, así como del reino del Humano. Pero en la fábula no hay un “método” sino que en sí ya es el resto incomunicable de algo que nunca ha cesado de acontecer.  

Cautiverio civilizacional. La fábula es un ejercicio poético que encuentra una salida contra la maximización del cautiverio de la civilización. Si la fábula nos sigue acechando – y es lo que recoge intuitivamente los libros de Lobón desde la particularidad del socialismo del estado total – es porque lo único comunicable es aquello que ha quedado fuera de orden de la comunicabilidad, de los flujos de la información, y de una futurología que prometeuna definición genérica del Hombre. Le podemos llamar civilización a lo que Lobón imagina como un parque zoológico cuya organización topológica consta de una serie de dispositivos capilares: a) el redil para las especies bajo la promesa de felicidad de cara a un futuro que debe permanecer siempre innombrable y ominoso, b) la imposición de la inmovilidad como prácticasomática sobre las multiplicidad de los cuerpos (una organización general de todos los movimientos del rebaño), c) el fin de la comunicación bajo el pretexto del monólogo de loslemas y de una sofocante introspección (esto queda claro en el cuadro de la oveja: “No, yo hablo con las nubes, todas mis compañeros escaparon del zoológico y no tengo con quien conversar….por eso vengo aquí”), d) una descarga de voluntad para esquivar el principio de realidad (el flamenco que mete la cabeza en el agua), e) un director o kubernēsis, que se ocupa de garantizar la ficcionalidad del parque temático así como de regular la calculabilidad de todo los sucesos que tienen lugar en el zoológico, y f) una experimentación controlada sobre la especie como proceso de devastación antropológica que, a su vez, es el motor de la gran mutación y errancia del Hombre en el redil [3]. Si Nietzsche hacia finales del siglo diecinueve advertía que el “hombre es un animal que todavía está por definirse [festgestellt]”, los libros de Lobón dos siglos más tarde introducen un matiz importante: esa definición del Hombre ya ha tenido lugar en la gestell de lacivilización en curso [4]. De modo que lo único que resta ahoraes poder emprender un viaje para generar una inversión contra la sumisión del genus Humano y así dilucidar la indeterminación fluvial entre las especies. 

Una infancia escapadaEl viaje del niño Frank en Breve relato de una visita al zoológico (2017) debe atravesar mar y tierra, ese dualismo que ha contenido el nomoi espacial de nuestra tradición. Y en ese recorrido su mayor acierto ha sido el de mezclarse con la sonoridad de las especies contra el falsum del director del cautiverio civilizacional. No es menor que Frank sea un niño errante, carente de un saber superior o aspiraciones claras. Frank solo posee una capacidad asintótica para andar por los fragmentos del mundo deteniéndose ante las cosas y los seres queva apareciendo ante su paso. La fábula de Frank marca un recorrido contra una realidad que simplemente no se agota en la geometría de la tierra. Como vio en su momento Peter Sloterdijk: “La domesticación del hombre es el gran tema olvidado ante el cual el humano, desde la Antigüedad hasta el presente, ha querido volver los ojos: basta darse cuenta de esto para hundirse en las aguas profundas. Allí donde ya no podemos mantenerse en pie, nos vemos sobrepasados por la vivencia que de una época ha bastado sólo con la domesticación educativa de los hombres y con el establecimiento de amistades con las letras” [5]. Tal vez esto explicaría porqué al final del libro, el niño errante del zoológico termina en el underworld marítimo donde desconecta al orangután (figura de límite antropológico del Humano) que vendrá a liberar las puertas del cautiverio. Y esto es lo importante: la transfiguración del estado zoológico de la domesticación no concluye en la anomia de las profundidades del mar, sino en la posibilidad de otra legibilidad del mundo capaz de despejar el espacio entre mar y cielo. Esto Lobón lo intuye poéticamente en el final del libro: “…y el cielo volvió a ser azul”. Rodeado de los animales del zoológico, Frank no aparece como un nuevo pastor del rebaño ni como un Mesías infantil adánico, sino simplemente como la cancelación de una infancia sin futuro una vez que el parque zoológico se ha desficcionalizado. Aunque la figura del niño ha sido instrumentalizada como temporalidadfutura de la civilización (la unidad de la fantasía por la reproducción de la especie); el niño Frank atraviesa el cautiveriopara descomprimir el normativismo que pone candado alcautiverio. Frank escapa la depredación de esta cárcel para abrir paso al divertimiento. La palabra “escape”, de hecho, es portadora de un brillo singular: como en la expresión “estás escapado” recurrente en el lenguaje coloquial “cubano”, escapar el zoológico es volver a nacer otra vez. Además, la vida del escapado supone un augurio tácito: pues es un intento por vivir como si cada momento de la existencia fuera una fuga momentánea para realizar la ejemplaridad de toda vida. Una vida autoconsciente que jamás podrá escapar al dispositivo originario de la «lengua» que separa al hombre de su arcaísmo animal. Y, en efecto, que los animales se acerquen a su cuerpo es índice de una proximidad entre las especies que, en lugar de disolver el acontecimiento de la antropogénesis en un monstruo, abre un espacio de indeterminación entre humanidad y animalque se resiste a las declinaciones de una substancia para atenerse a otra musicalidad de estar en el mundo. De la misma manera en que desconocemos los próximos pasos de Frank; la transfiguración fabulada del zoológico anuncia otra tierra en virtud de la coexistencia de la especie por fuera de las pulsiones de la agresión. 

Cuando las cosas nos leen. No hay que descartar el hecho de que las fábulas de Lobón aparecen en un medio especifico: las páginas de un libro que demanda ser abierto y leído. Y, sin embargo, ¿qué significa leer en este contexto especifico de la fábula? Obviamente que después de los siglos, la actividad de la lectura terminó almidonándose con un talco ilustrado: se lee para acumular, autorizar, dirigir, y archivar un corpus especifico de una “obra”. La filología ha sido el dispositivo disciplinario mediante el cual se ha secuestrado el eros de la lectura en mediación del conocimiento muerto. Sin embargo, no siempre fue así. O mejor: no tenemos porqué encerrar a la lectura en las máscaras del Humanismo y de sus olores de extinción. Como alguna vez mostró con rigurosidad Illich leyendo a Hugo de San Víctor, la lectura en sus mejores momentos fue también la exploración de sensaciones afectivas o gustativas, pues se experimentaba el texto como si fuese un recorrido por un viñedo vivo en el cual el lector podía salir embriagado por el mundo de las sensaciones [6]. En cierto sentido, la lectura y la fábulaapuntaban a un mismo proceso de inmersión: la invitación asentirse a gusto dentro de una habitación atmosférica a través del teatro de las imágenes y sus figuras. Así, la lectura no solo no permitía una mediación entre el lector y el mundo gnoseológico de las formas; sino que, más importante aún, hacía que las propias páginas del viñedo le devolvieran al elector la imagen-apariencia y un estado de ánimo jubiloso. Al final, lo importante de la lectura sensible radica en esto: dejarse atravesar por la manera en que las cosas nos leen con el propósito de revelarnos cómo, fuera de nosotros, llegamos a ser quienes ya somos. 

De este modo, la lectura exótica de las cosas nos extrae losusos de los cuales disponemos cuando salimos al mundo [7]. Esta es la experiencia ética del niño Frank. Cuando las cosas nos devuelven la mirada, iniciamos el recorrido de lo que puede constituir un destino. Esa mirada excéntrica recorre todos los libros de Lobón, y confirma que, por fuera del “mensaje” o de la “moral”, toda lectura acontece cuando entramos en un encuentro con el propio objeto-libro. Tal vez algo así es lo que Lobón intuía cuando, en una conversación reciente, me dijo: «Y aunque yo no hice esos libros para niños, lo cierto es que los niños que los han leído han entendido todo. Al menos han entendido lo que había que entender» [8]. De manera intuitiva, los libros de Lobón son lecturas de la huella imborrable de lainfancia que recorre cada vida fuera del mundo recto de adultosiempre caído a los excesos de la comprensión y las sospechas, de las intenciones y de la interpretación, del significado y de la ordenación gramática, de las ordenes y de los presupuestos narrativos de la historia. De ahí que la lectura fabulada siempre constituya (e independientemente de los surcos del viñedo) un exilio absoluto con respecto a la historia, puesto que la infancia se expresa mediante el vocativo y la impronta de lacontemplación del infinito azul del cielo. En realidad, el niño Frank emprendió una aventura para despejar el umbral irreductible entre tierra y cielo sin la prisión de un tiempo futuro. Algunos niños lectores de este libro entendieron la resolución de la trama como apertura a otra riqueza del mundo, cuyo sentido de lujo ahora sólo podía remitir al encuentro con las cosas que amamos [9]. Así, el haber visto la crisis de la especie fue un modo accidental de estar y ver en el mundo. Retomando unaspalabras de Elena Molina, pudiéramos decir que para el niño Frank: “su único anhelo es que el desierto sea de nosotros…porque el fin del reino de las certificaciones caerá y ya está cayendo” [10]. Atravesar todas las cosas del desierto sinnecesidad de hoja de ruta, es la manera en que leemos lo real para dejarnos ser en una existencia que celebra el estado pleno de libertad.

Notas 

1. Hans Blumenberg. “Unknown Aesopica: Newly Found Fables” (1985), en History, Metaphors, Fables: A Hans Blumenberg Reader (Cornell University Press, 2020). 566-570.

2. Rafael Sánchez Ferlosio. “Carácter y Destino”, El País, 2005: https://elpais.com/diario/2005/04/24/cultura/1114293603_850215.html

3. Jacques Camatte. “The Wandering of Humanity (1973)”, en This World We Must Leave and Other Essays (Automedia, 1995), 39-90.

4. Martin Heidegger. “The provenance of art and the destination of thought (1967)”, Journal of the British Society for Phenomenology, Vol.44, N.2, 2013. 119-128.

5. Peter Sloterdijk. Normas para el parque humano (Ediciones Siruela, 2003). 67-68.

6. Iván Illich. En el viñedo del texto. Etología de la lectura: un comentario al «Didascalicon» de Hugo de San Víctor (Fondo de Cultura Económica, 2004). 

7. «Éléments de decivilisation. Partie 5». Lundi Matin, 2019: https://lundi.am/Elements-de-decivilisation-Partie-5

8. Gerardo Muñoz, «Salidas del estado zoológico: un intercambio con Camila Ramirez Lobón», Ficción de la razón, diciembre de 2020:https://ficciondelarazon.org/2020/12/22/gerardo-munoz-salidas-del-estado-zoologico-un-intercambio-con-camila-ramirez-lobon/

9. Ver el testimonio de la niña lectora en el ensayo “Los libros de Camila R. Lobón”, por Isel Arango, Hypermedia Magazine, Agosto de 2019: https://www.hypermediamagazine.com/arte/artes-visuales/camila-r-lobon/

10. Comunicación personal, febrero de 2021.

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