Documentos Extraviados/ Horror Vacui

Documentos Extraviados/ Horror Vacui

DOCUMENTOS EXTRAVIADOS: Niños de Chernóbil en Cuba / Personal de Sonia Cunliffe / Fototeca de Cuba / 27-8-19


La tarde que inauguraron esta exposición estalló un aguacero tan torrencial y prolongado, que no pude salir de la escala intermedia que hice antes de ir para la Fototeca. Unos días después pasé por allá, y de camino, en la guagua, dos muchachas estaban hablando de una serie de la Netflix que trataba sobre el accidente atómico en la Central Termonuclear de Chernóbil. La trama de lo que estaba escuchando no se diferenciaba en mucho de una teleserie convencional, con personajes estereotipados, sub tramas y toda una retahíla de ingredientes indispensables para hacerlo fácil de digerir. Las jóvenes hablaban de aquello como si fuese una historia de ficción, repleta de complejidades dramatúrgicas de las que no puedo dar fe, pues no he visto la serie.
Cuando llegué a la Fototeca, encontré que la exposición se refería justamente al impacto humano del percance nuclear en las cercanías de la ciudad ucraniana de Chernóbil. Lo de la guagua fue de esas raras pistas que te vaticinan pequeños incidentes por suceder, a veces, como es el caso, lleno de altos contrastes en la interpretación de ciertos asuntos. Otro contraste, y no menos importante, ni impactante, fue el volante que me entregó con suma diligencia el personal del buró de recepción a la entrada de la institución. ¡Al fin, alguien entrega un documento que acompañe los derroteros de una exhibición! La rápida decepción por semejante gentileza me hizo subir rápidamente en busca de mi objetivo, pues el volante no anunciaba otra cosa que ¡un establecimiento gastronómico.
El 26 de abril de 1986 un desastre medioambiental de graves consecuencias se generó en el reactor No4 de la Central Nuclear de Chernóbil, considerado el más grave de su tipo en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares. Con la explosión del reactor No4 se inició una larga cadena de acontecimientos emergentes. Un total de 600.000 personas fueron afectadas durante las labores de limpieza subsiguientes al accidente. 5.000.000 de personas habitaron con posterioridad en zonas contaminadas, y 400.000 en espacios seriamente comprometidos. Por la magnitud de lo sucedido, la nube radioactiva alcanzó a algunas naciones de Europa occidental y nórdica, más allá de las fronteras directamente afectadas, al norte de Ucrania, el sur de Bielorrusia y el oeste de Rusia. Todavía en nuestros días las investigaciones de campo no pueden determinar el real impacto que en la salud y mortalidad humana ha tenido y tiene el desastre.

Un programa del gobierno cubano, marcado por los vínculos políticos entonces existentes entre Cuba y la Unión Soviética, permitió que decenas de niños procedentes de las zonas dañadas fueran atendidos en la isla del Caribe. La muestra fotográfica y audiovisual de Sonia Cunliffe recoge momentos cotidianos de ese proceso de rehabilitación en Tarará, balneario al este de La Habana, con toda su carga emotiva y gran peso documental, trascendiendo los esquemas categoriales de si la misma obedece a un criterio artístico o meramente testimonial, periodístico; amén de otras implicaciones políticas que, en el comentario de Jorge A. Fernández Torres, es defendida como una postura ética antes que estética. Mostrada con anterioridad en Perú, Estados Unidos y Cuba, la exhibición de Cunliffe se socorre de la investigación de Maribel Acosta Damas y la música de J. Fernández Acosta, en un complejo creativo que incluye testimonios audiovisuales y escritos, siempre en la cuerda objetiva de la investigación documental, con nexos inevitables a la ciencia, la sociología y la historia. La corrección museográfica de las fotos y videos, confieren a esta propuesta el exacto carácter comedido y funcional que se ha trazado conceptualmente.

Fundada en el siglo XIII, el topónimo de Chernóbil significa “hojas negras” o “ajenjo”, lo cual parece un oscuro presagio para su larga historia de guerras, ocupaciones y desolación. No obstante, de los 14.000 habitantes que residían en la localidad antes del accidente nuclear, gradualmente su número ha ascendido a más de 2.000 en la actualidad. Les recomiendo pasar por la Fototeca, en la Plaza Vieja del Centro Histórico. No creo que tenga tiempo de ver la serie de la Netflix para contárselas, pero puede bajarla por internet o buscarla en el Paquete. Tampoco pienso que pueda pasar por el paladar que me recomendaron, creyendo que era un suelto de la exposición, pero aquí les va el contenido: “Guachinango / El paraíso del sabor. Lugar para disfrutar una buena comida criolla en familia / Ave. 19 e/ 66 y 68. No. 6622. Playa / Horario: 12.00M -12.00PM”.

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