JARDINES INVISIBLES / HORROR VACUI

JARDINES INVISIBLES / HORROR VACUI

JARDINES INVISIBLES / Dentro del juego / Colectiva / Galería Galiano / 5/8/19

Una interesante miscelánea se ha desplegado en la Galería Galiano, como presentación de Dentro del Juego, proyecto que agrupa el quehacer de Carlos Manuel Loriga Gil, Glixael Maikol García Hidalgo, Yoelvis Chio Consuegra, Erick Sacramento Ortega y Leonardo Montiel García. Siguiendo los derroteros más ortodoxos del instalacionismo internacional, con oportunos sorbos del antiguo ready made y la pintura matérica, la muestra manifiesta una decorosa apropiación de códigos consabidamente probados, en los que la renovación, interpretación y collage, construyen una curiosa versión doméstica de estas tendencias de la segunda mitad del pasado siglo.

En Jardines invisibles, resultan ingeniosas las soluciones que enlazan forma y contenido, pareciendo que los creadores manejan a sus anchas estas fórmulas. Ceñido a lo visto, que es como cualquier información estético-visual llega de primera mano a cualquier espectador, pienso que los resultados factuales de lo aquí mostrado resultan loables, con un cuidadoso montaje y concepción curatorial. El día que visité la galería, ya la muestra se había inaugurado días atrás, y no había un alma. La única persona a cargo de velar por el lugar no tenía ni la menor idea de lo que estaba custodiando. Tampoco existía un plegable, texto pegado a la pared o cualquier otro referente que me ayudara a contextualizar lo visto con sus creadores.

Sun in my ball ́s, establece un irónico parangón de géneros con la simbólica colocación de atributos sexuales sobre dos sillas playeras para tomar el sol; en tanto, Bajo el ojo de Dios, subvierte los modelos de divinidad conque el espectador puede apreciar esta obra (mesas servidas con vajillas, panes y latas de sardinas colgadas cabeza abajo desde el techo). Es evidente la resolución instalacionista en estas obras de Carlos Manuel, tanto como pudiera ser defendida por Yoelvis Chio con, Tres son más que uno, un urinario con círculos polícromos esmaltados sobre su superficie, en franca alusión al histórico referente de Duchamp. Sin embargo, Yoelvis no renuncia a la bidimencionalidad, y cuelga telas impregnadas de una amalgama de materia vegetal, arcilla y cemento (Discurso de las flores muertas).

Esto no tiene precio, de Glixael Maikol, pareciera estar jugando con un enunciado lumínico que discursa completamente lo contrario, en una solapada prestidigitación que susurra alguna cosa sobre el valor intrínseco del arte. Los montajes en urnas planas de madera y cristal, con un variado surtido de ingredientes, entre los cuales hay tierra, celulosa, sal, cuero y sangre, son la obra manifiesta de Erick Sacramento. Lexia 1, por ejemplo, perteneciente a la serie Ascuas, se socorre de textos escritos, involucrados con toda aquella diversidad de recursos orgánicos, para hablarnos de la trascendencia y equivalencia que el código escrito tiene con lo natural, ya muerto.

Leonardo Montiel, con Cuerpo de agua, recoloca la funcionalidad de llantas y neumáticos de automóviles, al servicio de otras funciones semánticas.
A pesar de su breve kilometraje, resulta interesante y recomendable la propuesta de este colectivo; por lo que, si van a ver la muestra, bien sea por curiosidad, como espectadores aficionados a recabar información, o como reseñistas para alguna publicación, recuerden llevar
cámaras o celulares, y una libretica de notas para el estudio individual en casa, porque van a querer saber más, y cuestionarse cosas que allí nadie les puede esclarecer.

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