Hablamos bajito/ Horror Vacui

Hablamos bajito/ Horror Vacui

Exposición Colectiva / Galería Teodoro Ramos/ 18/7/19

Desde mi propia tardanza anhelaba encontrar lo que se prometía. El bullicio de la ciudad, el escandaloso retraso en el viaje de la guagua y el ajetreo en el parque wifi del Estadio Latinoamericano, me hicieron correr al refugio del anunciado presagio. Todos sabemos que en nuestra idiosincrasia hablar bajito es una rareza, y por consiguiente un acto sospechoso. Escéptico, sin contemplar lo inquietante que esto último pudiera resultar, solo me dejé llevar por el rumor de la invitación.

No bien estuve en el portal de la galería, todo parecía indicar que encontraba el oasis murmurador que pretendía. Pero, inmerso en una perturbadora mezcla de desconfianza y acierto, en cuanto atravesé el umbral de su puerta, el abrumador murmullo de las obras vociferaba sin contemplación. ¡Muy bien urdida trama para alguien desprevenido ante semejante señuelo! En un atronador abigarramiento visual, cada fragmento de pared soltaba a gritos el contenido mensaje que sus obras propalaban. Ya desde ese primer instante avisté a Giselle Victoria, la curadora de semejante orgía. La afronté, como quien arremete contra un toro en el ruedo, pero me esquivó con tal pericia, que parecía ungida (¿urgida?) de cierta gracia para evadir cualquier criterio prematuro en relación a la confrontación de los espectadores con su concepción curatorial. Luego me explicó, o aplacó, que habría un conversatorio.

En una desasosegada interacción, en la que cada quien parecía subir el tono expresivo de su statement con relación al de su vecino, se encontraban: Ezequiel Suárez, Yornel Martínez, Jorge y Larry, Alina Águila, Marrero, Irving Vera, Jenny Brito, Reinier Nande, Alberto Casado, Fernando Rodríguez, Bernardo Sarría, Boris Santamaría, José Ernesto, Kike Wolf, Ítalo Expósito, Serones, Lara Romero, Rodolfo Peraza, Nacional Electrónica, Teoría Dorada de Popeye, Virgilio Piñera, Duchamp, Joseph Beuys y el despeinado Andy Warhol . Ante la muestra de conjunto, supondríamos que hablar bajito no es solo un síntoma de prudencia, modales cívicos u otra práctica civilizatoria. En su esencia, bien aprovechada por Shakespeare en su dramaturgia, puede ser el mejor recurso para transmitir la chispa solapada de un escándalo equivalente a una multitud enardecida.

Honestamente, esta gente murmullaba por muchas cosas, cosas que mortifican su existencia; un malestar de oídos, falta de recursos para viajar o para regresar, deseos de gritar o, por simple afonía (mal superada en sus años de formación), carencia de altoparlantes. Era como estar en la terminal de ómnibus de Quivicán en horario pico: todos están presos de la misma circunstancia disfuncional, pero nadie hace alguna cosa para propiciar un cambio efectivo, solo protestar por su pedazo de coyuntura vivencial (Al menos sabemos que hay descontento). En este sentido pienso que se encuentre el verdadero leitmotiv de este masivo empeño administrado por Giselle.
Son numerosos los recursos de los que se valen los expositores, desde el grafiti facturado directamente en la pared, dibujos trazados sobre superficies nada ortodoxas, pegatinas, instalaciones, música electrónica, hasta soportes digitales para la proyección de videos u otros
resortes audiovisuales. Es oportuno ensalzar la atinada idea de escoger todos los resquicios de esta galería para semejante propósito, por lo laberíntico de su espacio, algo underground, dando la impresión de que arquitectura y visualidad, mediadas por el tono sospechosamente bajo del protocolo artístico, eran parte de un solo propósito.

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