Ella / Horror Vacui

Ella / Horror Vacui

Ricardo Miguel Hernández / Fundación Ludwig de Cuba, 19/11/19

Hay cabronadas que uno no sabe cómo pasar por alto. Es del tipo de cosas que te deja maniatado, recomiéndote los mondongos, con la energía desviada hacia una clase de incomodidad que es incompatible con el libre albedrío. Vivir en colectivo es una “devoción” evolutiva que nos ha salvado de incontables amenazas, y es quien nos ha convertido en la especie de animal que somos. Sin embargo, la contraparte de este beneficio genera una proporción sustancial de disfunciones: isquemias, trastornos de presión arterial, stress, infartos. Desde mucho antes de Confucio, la gente no sabe cómo lidiar con tan necesario estorbo. Hay lugares del mundo donde se han alcanzado victorias perdurables en las normativas de convivencia: simplemente nadie se mete en la vida de nadie, nadie le habla a nadie, y todos salen ganando…, quiero decir, en ese sentido, porque también ganan en otro tipo de neurosis depresiva, directamente vinculada a la incomunicación y carencias afectivas.

En esta dirección, las polaridades manifiestas en las diferentes sociedades humanas contemporáneas, son el mejor termómetro que se pueda tomar en cuenta para medir indicadores de desarrollo socioeconómico. En Cuba, una nación con aceptables índices de instrucción y determinados logros sociales, las peculiaridades económicas y administrativas, obviamente reflejadas en la comunidad, hacen que muchas estructuras organizativas se conviertan en disfuncionales, envestidas de algo parecido a “la autoridad”. ELLA, es un caso típico de lo que explico: se trata de la Presidenta del Consejo de Vecinos de un edificio multifamiliar, en pleno ejercicio de un mandato que nadie quiere ejercer. Está ahí, gozando de sus “prebendas” administrativas, porque es una labor tediosa que todos eluden, aun cuando su ejercicio es despótico y arbitrariamente manejado; y, peor aún, gradualmente tolerado por los vecinos.
Encontrar la solución en su destitución es impensable, ¿Quién va a cubrir esa plaza? Por tratarse de un asunto de administración comunal, rara vez una denuncia judicial logra resolver semejantes diferencias. Algunos residentes, en el clímax de sus desavenencias, piensan arrojarla escaleras abajo, enmascarando la opción como un accidente laboral. Por suerte casi nunca se llega a semejante materialización.

De manera que la gente vive con ese hueso atravesado en su cotidianidad, fraguando en sus mentes, ese fértil laboratorio donde todo es posible, algún tipo de venganza, una brujería, o cualquier cosa que modere los hábitos dictatoriales de la “funcionaria”. Lo distinguible en la obra de Ricardo Miguel, es convertir este chanchullo de barrio en un testimonio fotográfico, en una crónica de pura antropología social; todo un estudio de caracteres y elementos (hecho siempre desde el visillo reticulado de su puerta), argüido con tal pericia, que recuerda un caso policial. Articulando técnicas criminalísticas, científicas, el resultado de su pesquisa ha sido develado artísticamente. En este entramado, que sigue las actividades nada ortodoxas de la Presidenta, se involucran otros ingredientes sociales del edificio, minuciosamente clasificados y estructurados durante el registro. Si por casualidad hubo algún atisbo de venganza o denuncia por parte del artista investigador (conviviente él mismo en el escenario del operativo), estas fueron magistralmente canalizadas y superadas por un elocuente y depurado estudio de caso, para convertirse en una transparente página etnográfica, testigo de interacciones humanas en un contexto específico.

Como si fuera poco semejante empeño, el artista asiste el recorrido visual con apuntes y notas hechas sobre papel, reproducidos fotográficamente en plasmas. Una rápida lectura de su caligrafía, saca a la luz los acontecimientos, llevando en paralelo las silenciosas imágenes con el guion textual de la cronología para personajes y hechos, seguidos durante tres años. Sin lugar a dudas un riguroso y honesto ejercicio de creación, en el que los requisitos argumentales y visuales son, alternativamente, causa y consecuencia de un mismo fenómeno. A propósito de la muestra, en un suelto tamaño carta, distribuido en la galería, aparece una breve entrevista realizada a Ricardo Miguel, en la que, sin denunciar ni prostituir la esencia de su trabajo para la ocasión, nos aclara muchos pormenores de sus derroteros creativos, y de los vínculos indirectos que la presente propuesta tiene con la filmografía de Tomás Gutiérrez Alea, ya que hace parte del evento P1-La Habana-Titón.

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