Un manifiesto naturista oriental: Epifanio Sánchez, el Grupo Literario de  Manzanillo y el movimiento naturista de La Habana (1916-1956)

Un manifiesto naturista oriental: Epifanio Sánchez, el Grupo Literario de Manzanillo y el movimiento naturista de La Habana (1916-1956)

Dentro de los pocos estudios que han descrito y analizado de manera sistematizada  el campo literario oriental cubano de los primeros 30 años del siglo XX, un escritor como  Epifanio Sánchez, aunque se le menciona en algunas compilaciones, ha sido escasamente analizado desde algunas de sus interesantes obras. Un texto como El ángel rebelde  es uno de sus escritos que en una lectura actual resulta en varios sentidos inusual dentro de la producción literaria oriental e incluso cubana.

Publicado por primera vez a mediados de los años 30 en Manzanillo, El ángel rebelde tuvo la suerte de ser reeditado nuevamente en 2011, gracias a la feliz iniciativa de Ediciones Orto de Manzanillo. Es un texto que parece, a la misma vez, un ensayo sobre medicina social, sobre economía política del consumo en sociedades  como Cuba, un estudio sobre los patrones de alimentación populares y sus efectos, una introducción para una antropología de la salud o, sobre todo, un manifiesto de crítica de las prácticas culinarias y alimenticias imperante en la Cuba de su tiempo.

 En cualquier caso, está escrito con una loable elegancia literaria, que le permite trascender los lenguajes especializados de las distintas ramas del saber por las que felizmente transita este documento. Todo ello desde una perspectiva que trasciende lo local o nacional, para ubicarse de manera diáfana  en los procesos de la cultura occidental moderna y cómo han incidido en su contexto local y nacional, para finalmente, como todo manifiesto, hacer una incitación transformadora y una propuesta de acción práctica desde su entorno inmediato.

Pero a pesar de su calidad, un texto como El ángel rebelde padece de una falencia heredada: ninguna obra centrada en temas alimenticios o culinarios ha podido gozar de alguna consideración en el canon de la historia de la literatura cubana. Siguiendo la tesis del investigador social puertorriqueño Agustín Barradas, si los libros de cocina “son muestra de una rama del saber que se desprecia o en el mejor de los casos se ignora (…)

que nada aportan al conocimiento de las sociedades que los producen”[1], ¿qué se puede esperar de un ensayo que se plantea una visión crítica radical de los patrones alimenticios y de los estilos de vida   en Cuba de las primeras décadas del siglo XX?    

Es atrayente,  no obstante esta injusta circunstancia,  la riqueza y variedad informativa y argumentativa de este pequeño texto de Epifanio, lo cual, por otro lado, denota su inserción personal en un circuito cultural activo de alguna relevancia, en contraste con las visiones a posteriori que ha establecido la historiografía de la literatura cubana, más allá de sus corrientes ideológicas, sobre la esfera cultural oriental de la primera mitad del siglo XX, referidas a la “ausencia de actividad cultural fuera de la capital” o a “la miseria en que se debatía la cultura en esta región”[2].

Estas representaciones si bien son ciertas a grandes rasgos, no han permitido visualizar las producciones literarias  producidas en la región oriental en la primera mitad del siglo XX,  han invisibilizado la obra de escritores como Epifanio Sánchez y otros creadores orientales, así como los empeños que a contracorriente llevaron a cabo individualidades y colectivos de creadores en esta región oriental. Por otro lado y derivado de lo anterior, esas visiones sobre la “ausencia de actividad cultural fuera de la capital” o a “la miseria en que se debatía la cultura en esta región”, no han permitido analizar la historicidad especifica del campo intelectual de la región en relación con las corrientes de ideas y los movimientos sociales que se produjeron en Cuba en la primera mitad del siglo XX.

Si el sociólogo Jorge Núñez Vega en su texto de 1998 “El campo intelectual cubano (1920-1925)”  introdujo por primera vez entre nosotros una perspectiva analítica sobre la esfera intelectual republicana, especialmente la capitalina, basado en las útiles propuestas teóricas del sociólogo francés Pierre Bordieau, fue un crítico y ensayista como el bayamés José Fernández Pequeño, quien con una encomiable acumulación de evidencias y una clara perspectiva regional sobre la historia de la literatura republicana, de forma pionera abrió amplios y formidables cauces analíticos para lo que nos proponemos en este texto, con su trabajo  “Literatura y renovación en Oriente (1900-1930)” de 1985[3].

En ese texto Fernández Pequeño señaló, a propósito de Boti, Poveda y Acosta: “nuestra historiografía tradicional nos ha enseñado a verlos como tres cumbres cuya excepcionalidad radica en surgir (…) en medio del yermo provinciano (…) [con esta perspectiva] se pierde de vista (…) la relación orgánica que se establece entre ellos y el medio literario que los rodeó. Tal olvido no puede menos que conducir a una visión limitada de la cultura cubana en el periodo y a cerrar la posibilidad de nuevos puntos de vista para explicar algunos de sus aspectos más interesantes.”

El ángel rebelde de Epifanio Sánchez si bien constituye una obra menor dentro de la gran renovación literaria que se produce en la región oriental de los primeros treinta años del siglo XX, sí nos parece que como documento de cultura, forma parte de “algunos de esos aspectos más interesantes” que se nos presentan cuando repensamos la perspectiva con que analizamos la historia de la literatura oriental cubana.

Pero si el entramado literario oriental es el entorno donde en primer lugar hay que ubicar las producciones de estos escritores, como sostiene Fernández Pequeño, es en el ámbito de la interacción entre el campo literario manzanillero y el movimiento naturista que existió en La Habana durante casi cuatro décadas,  donde se pueden ubicar mejor las coordenadas para una comprensión de las peculiaridades de un texto como El ángel rebelde.  

La inusitada articulación temática que Epifanio Sánchez despliega en El ángel rebelde si bien no es única, es poco común en la historia de nuestra literatura[4] y esto responde en gran medida a que Epifanio Sánchez es uno de los escasos escritores cubanos que asumió la práctica del naturismo en su vida y en su obra. Un estilo de vida que promueve el reencuentro con la naturaleza y bajo una vida comunitaria, sin regimentaciones externas, sin discriminaciones de clase, de raza, género o cualquier otra, y a la vez, incentiva la salud del cuerpo y de la mente, el vigor óptimo a través del contacto completo  con los elementos naturales y el uso de una dieta  en armonía con los procesos fisiológicos, que favorezca el respeto a uno mismo.

 Aunque como movimiento social la mayor parte del naturismo  no se definió explícitamente por ninguna opción política o ideológica, en Hispanoamérica fue acogido y desarrollado en ámbitos socioculturales  anarquistas. En La Habana fueron figuras como Adrian del Valle, ácrata, o los doctores Tirso Urdanivia y José del Carmen Velazco, Enrique Anglés Valdés o Fernando Carbonell, sin filiación específica, quienes lo practicaron y  promovieron de manera más persistente  en la sociedad Pro-Vida radicada en la ciudad capital.

El naturismo, siendo un fenómeno de minorías conscientes, no tuvo, hasta donde hemos indagado, un arraigo visible como movimiento social en localidad alguna de la región oriental, pero si tuvo una presencia registrable en el circuito de libros, revistas y folletería en  ciudades cosmopolitas orientales  como Manzanillo, Puerto Padre o Guantánamo. En la Habana se constituyó el grupo Pro-Vida desde 1916, sin subvención oficial alguna y por libre iniciativa de un entusiasta grupo de hombres y mujeres, el cual fundó un local social en Neptuno 57, donde funcionó un restaurante, una clínica, una biblioteca-librería y la revista “Pro-Vida”, todo lo cual duró casi 40 años, produciendo una importante colección de revistas, folletos y libros, que tuvieron circulación habitual en varias localidades de la Isla.

En sus Memorias de un manzanillero Epifanio Sánchez cuenta que su relación con el naturismo se produjo por medio de un gran amigo suyo llamado Benigno Ros Romagosa quien, en medio de la temprana y grave parálisis en  que se sumió Epifanio, le regaló un libro de Naturismo Integral, probablemente de la autoría del doctor alemán Louis Kunhe, médico heterodoxo alemán, uno de los principales referentes intelectuales del grupo Pro-Vida y  uno de los más ampliamente divulgados por el movimiento naturista en La Habana[5].

No tenemos idea de quien fue Benigno Ros Romagosa, ni hemos podido ubicarlo en la lista de suscriptores de la librería de Pro-Vida, disponible en la revista de igual nombre. Esta ausencia de información es de cualquier forma también   un dato, pues nos está hablando de los canales informales a través de los cuales se socializaron las ideas naturistas. De forma tal que un individuo como Epifanio Sánchez, que no tuvo una membrecía regularizada dentro del movimiento naturista cubano, produciría uno de los más agudos manifiestos desde esa perspectiva en la isla y en 1956 el libro Dietario, obra de mayor envergadura que El ángel rebelde, pero hasta ahora no hemos podido localizarla.

El movimiento naturista que se instituye en La Habana en 1916 con la apertura de un local social, forma parte de un conjunto de instituciones e iniciativas autónomas y privadas que proliferan en Cuba desde fines de siglo XIX[6] y que con la instauración del nuevo Estado cubano en 1902 continuaron su activo crecimiento, frente a los tempranos intentos de los nuevos partidos políticos nacionales por subordinar la vida social y cultural a sus maquinarias de propaganda y al escaso interés del nuevo Estado por establecer un campo cultural oficial.

De esta voluntad colectiva nacería también el “Grupo Literario” de Manzanillo y su vocero la revista Orto, que llevó a su máxima expresión el propósito, compartido por muchos espacios culturales contemporáneos al grupo manzanillero, de realizar y desarrollar la actividad sociocultural al margen de la política oficial y de las tendencias partidistas. El boom azucarero que llegaría al oriente de la Isla desde inicios del siglo XX, traería una bonanza económica a la región oriental que, al menos durante dos décadas, permitió una revitalización y renovación de los espacios culturales, sobre todo en los medios periodísticos, y derivado de ello, la producción literaria, como señaló Fernández Pequeño en el texto suyo ya citado.

En tal contexto, y movidos por esa clara voluntad de autonomía desde sus inicios el Grupo Literario manzanillero como institución “(…) fue anárquica en su rectoría. Nadie la presidió, ni nadie pudo atribuirse su jefatura”[7]   tal y como lo recuerda Epifanio Sánchez en sus Memorias de un manzanillero. Tal dinámica de funcionamiento permitió que en ese espacio confluyeran una notable cantidad de espíritus libres y ávidos de las más disimiles fuentes de saber de su tiempo, confiriéndole además una inusual permanencia en el tiempo que le otorgó un prestigio duradero a este espacio.

En ese ambiente cultural, de amplia libertad de pensamiento y de tendencias y frente a los crecientes problemas invalidez que lo aquejaron desde la primera adultez, Epifanio Sánchez se adentró en  el naturismo. Antes de que su amigo Benigno Ros le facilitara el libro  que cambiaría su vida, Epifanio recuerda en sus Memorias de un manzanillero que “…creí que bastaba la sumersión en baños sulfurosos, enormes cantidades de inyecciones y drogas de todas clases para evitar de la terrible invalidez total. No se me ocurrió, por un instante, ponerle una brida al potro desbocado de la gula. Y creía reponerme engullendo enormes cantidades de alimentos nocivos, en su mayor parte.”[8]

El naturismo integral en la vida de Epifanio fue tanto un eficaz tratamiento médico, como un fenomenal estímulo intelectual para su obra como escritor, que desafortunadamente no podemos calibrar en toda su magnitud por no estar disponible en su totalidad la obra escrita de Epifanio Sánchez. El ángel rebelde es no sólo un ensayo libresco que compendia lecturas disímiles en un ambiente cultural tan favorable a esto como el manzanillero de la primera mitad del siglo XX, es también un balance autocrítico de su estilo de vida que, a la vez, formaba parte de la normalidad cotidiana en que Epifanio Sánchez vivió:

“El hombre se ha empeñado en lograr por diversos métodos la reparación del averiado organismo, que depauperan practicas viciosas y antinaturales. Y cree que  puede extralimitarse en la alimentación y entregarse a los más abominables hábitos y lograr que la ciencia lo restaure a su prístina condición, limpio, puro y sano de modo maravilloso”. Derivado de esto:

    “[cada día más] se demandan alimentos pulidos, súper refinados, de aspecto deslumbrador, como el blanquísimo pan, despojado del afrecho y de las sales y vitaminas que contiene ese cereal trigueño, que debía consumirse en su integral constitución. Exactamente ocurre con el arroz y otros granos, de los que sólo se aprovecha el corazón almidonado. Cada día la humanidad inventa algo distinto destinado a modificar la esencia de lo que utiliza para la nutrición.”

 Y en función de ello: “De las fábricas brotan, de continuo, millones de envases que contienen productos inertes o momificados. Y las carnes de suyo tóxicas para el organismo humano, al ser enlatadas generan la ptomanía[9] y otros activos venenos. (…) también la agricultura ha modificado por medio de abonos, muchos repulsivos, la constitución de las frutas, cereales, tubérculos y hortalizas, privándolos de su natural armonía, por obra de   ingenieros químicos, desconocedores de los más básicas nociones de los hombre de campo.”

“Con constancia los laboratorios pretenden encontrar fórmulas que habiliten alimentos completos en dosis exactas y se dedican a atrapar y clasificar abecedarios completos de vitaminas inermes y sales diversas, para adjudicarles las más variadas propiedades.”

“Se ha supuesto en la constitución individual una absoluta independencia de vísceras y partes orgánicas, sin que se admita la función unitaria coordinada, suponiéndose la existencia de infecciones focales, y enfermedades aisladas en determinadas partes del cuerpo.”

Hemos referenciado ampliamente el texto de Epi Sánchez, porque nos parece que ilustran la plural y articulada variedad de cuestiones en las que se adentra El ángel rebelde, con una pasión sistematizadora y una sorprendente originalidad, que trasciende las clasificaciones temáticas al uso aún hoy en día, corriendo el riesgo de lindar en el terreno de los textos que clasifican como pseudocientíficos[10]. Esa amplitud de miras de El ángel rebelde nos ha sido difícil encontrarla en otros ensayos contemporáneos a El ángel…a excepción de los textos producidos en un espacio contemporáneo a ese trabajo como la antes citada revista Pro-Vida.

En tal sentido es que consideramos que El Ángel rebelde  es un ensayo que se nutre de la confluencia, que se produjo en la persona de Epifanio Sánchez, entre el fecundo movimiento literario manzanillero y el movimiento naturista que se desarrolló en la capital de la Isla, a pesar de que él no fuese un miembro formal de este.  Esa concurrencia de ideas hace que en El Ángel rebelde, no se encuentre una proyección, ni un lenguaje explícitamente “revolucionario”, ni exponga un programa de acción  posibilista y pragmático, típico de las organizaciones políticas  que han pretendido trastocar el poder sin cambiar su mundo pero, el texto de Epifanio desde su crítica a los estilos de vida y alimentarios dominantes en Cuba,  fue en muchos aspectos mucho más radical y omnicomprensivo en su crítica al orden social existente en Cuba, que muchos de aquellos que en su tiempo se definieron como revolucionarios o antiimperialistas, etc.

Ese es el caso de otro manzanillero ilustre, Julio Cesar Gandarilla, que tanta contribución hizo al fecundo movimiento político e intelectual del antiimperialismo en nuestra historia republicana. Siendo el más relevante ideólogo de los voceros con que contó la Liga Anti-Plattista, no impidió que  ese movimiento adoleciera cada vez más, con el devenir de los años, de empobrecer sus análisis de la realidad cubana, al convertir a los agentes y mecanismos del dominio yanqui y a las clases altas locales, en los únicos responsables del dominio neocolonial en  Cuba[11], produciendo una idealización suicida del sujeto popular  medio, que experimenta y sostiene con los hábitos inducidos ese dominio,  a través de estilos de vida, patrones alimenticios y  formas de consumo y de convivencia  que no fueron tenidos por importantes, a la hora de explicar la permanencia de los factores que explican la durabilidad de un modelo de dominación, que pasa también por la deculturación masiva y creciente, por disímiles medios, del sujeto popular y proletario.          

Con tal eficacia operó este proceso en el mundo popular y proletario de la Isla, que en una sociedad como la cubana de los años 30, en rebeldía masiva contra la dominación imperante, especialmente entre los trabajadores azucareros y sus memorables Soviets, es difícil encontrar en sus documentos producidos, temáticas que trascendieran las meras reivindicaciones de mejoría material de su condición de productores-consumidores, así como escasea en ellos una perspectiva crítica y propositiva frente a la cultura material en la que están opresivamente alojados y que crecerá de manera exponencial en las décadas del 40-50 hasta integrarlos en una proporción numérica muy considerable y de manera profunda en el imaginario del orden socio-económico imperante[12].

En contraste con esta baja criticidad en amplios sectores laborales de la sociedad cubana de los años 30-40, El ángel rebelde, siendo escrito por un hombre semi-inválido, desvinculado del marco de la producción material y mercantil, supo avizorar las nocividades del entramado de relaciones entre las industrias alimenticia, química, farmacéutica y la naciente industria cultural del imperialismo yanqui y sus  efectos sobre la sociedad y los individuos, como pocos en su tiempo lo hicieron en Cuba. Por otro lado, siendo un hombre de letras, miembro de la llamada aristocracia del gusto, produce un texto que se posiciona ajeno al liviano ejercicio de “difundir las luces de la ilustración y el progreso y (…) las caricias bienhechoras de la Civilización”[13], como expresó el primer número de la revista Orto, órgano de expresión de su círculo en la localidad.

 Teniendo frente a sí y viviendo en carne propia la hondura y ramificaciones disímiles del problema que detecta en El ángel rebelde, en la parte final de esetexto señalará que  “el hombre  es rutinario y tiene tendencia al estatismo en sus costumbres viciosas por excelencia que se arraigan en lo consustancial y sobre todo en la mente” y en esto no hará otra cosa que seguir los pasos de los pensadores católicos franceses Charles Peguy  o George Bernanos, dos de sus lecturas de cabecera: “…el optimismo es una falsa esperanza  para uso de los cobardes y los imbéciles; lo justo es la esperanza que nace de una disposición heroica del alma”, lo cual será el tema central de su hermoso ensayo Poderosa Voluntad, que no sabemos si es anterior o posterior a El ángel rebelde.

La experiencia de vida pública de Epifanio Sánchez en el rico entorno artístico literario manzanillero, las duras batallas íntimas que libró con la invalidez y los nocivos estilos de vida que heredó y practicó en buena parte de su vida y, por otro lado, la propia existencia del pequeño movimiento naturista habanero de la primera mitad del siglo XX, nos dejan cuestiones varias, valiosas para la investigación de nuestra historia cultural republicana: la perspectiva regional, lúcidamente delineada por José Fernández Pequeño es muy útil para repensar y reevaluar lo creado en el campo literario oriental de inicios de siglo XX. A ello agregamos que el estudio de las interacciones entre los  movimientos socioculturales y sus pautas organizativas,  puede ayudar a indagar mejor los trasiegos de ideas y sus efectos  creativos.

Así, podemos constatar que espacios y personas  tan disímiles y distantes entre sí, como el Grupo Pro-Vida y el Grupo Literario de Manzanillo (al punto de no haber encontrado hasta ahora expresiones concretas de ningún contacto directo entre ambos), convergen orgánicamente entre sí, a través de un texto como El ángel rebelde, a lo cual contribuyó  la concurrencia de ideas, pero también la similitud de prácticas organizativas.

 Si la gestión del Grupo Literario de Manzanillo nació “(…) anárquica en su rectoría. Nadie la presidió, ni nadie pudo atribuirse su jefatura” como recuerda Epifanio con satisfacción[14]; el Grupo Pro-Vida de La Habana, se fue perfilando hacia una orientación socialista libertaria[15], igualmente anárquica en sus formas organizativas, por el impulso de médicos heterodoxos como Tirso Urdanivia o José del Carmen Velazco y, en poco tiempo después, por el influjo de un individuo como Adrián del Valle[16], que  conducirán a esa agrupación a un acercamiento a las problemáticas sindicales, ambientales, la educación anti-autoritaria o la crítica al militarismo y el estatismo, con una permanencia en el tiempo de casi cuatro décadas,  similar al tiempo de existencia de  Orto.

Por otro lado, y frente al incierto presente que se nos va delineando cada vez mas como horizonte, los textos y la vida de Epifanio Sánchez y ese pequeño movimiento naturista habanero, que hemos intentado salvar del olvido, nos muestran que la condición de revolucionario no está dada, ni proviene del grado de opresión padecido, ni del nivel de privación material sufrido previamente (ni Epifanio, ni los naturistas habaneros formaron parte de  los estratos más humildes en la Cuba de su tiempo), sino de la calidad humana y el grado de conciencia libre que sean capaces de desarrollar, aquellos que se sitúan en contra del sistema de poder vigente en cada época. Más allá de la voluntad de las personas para vivir coherentes  en el bien  y la calidad de las relaciones que se establezcan entre los que buscan otros mundos posibles, no tenemos ninguna otra garantía “científica” de sobrevivencia.

Desde el Reparto Eléctrico, sur de La Habana.  

Septiembre, 2014 indecentes


[1] Efraín Barradas: “Libros de cocina y nación: sobre algunos recetarios antillanos del siglo XIX” En: Catauro. Revista Cubana de Antropología. No. 21, 2010. La Habana, pág.121.

[2] Estas dos visiones sin contradicción alguna entre sí fueron emitidas por dos estudiosos del tema con visiones ideológicas contrapuestas, al menos en los años 80, una del crítico y ensayista Roberto Gonzales Echevarría en la presentación de la novela De donde son los cantantes de Severo Sarduy, ediciones Cátedra, Madrid, 1988 y la otra del también critico y ensayista César Leante en el prólogo de Ciénaga  de Luis Felipe Rodríguez, Editorial Letras Cubana, La Habana, 1985.

[3] Publicado en Crítica sin retroceso. Ediciones Unión, La Habana, 1985.

[4] No desconocemos que contamos en nuestra historia literaria con importantes obras que abordan el tema de la comida, como son los casos arquetípicos de Cecilia Valdés o Paradiso, pero en ninguna de las dos obras sus autores  llegan a perfilar visiones críticas sobre las prácticas alimentarias que describen. Ese escaso distanciamiento crítico respecto a los hábitos alimentarios heredados, incidirá en la persona de Lezama con una notoria obesidad, causante directa de su muerte. Hubiera sido interesante conocer los criterios de Epifanio, desde su perspectiva naturista, en torno a las míticas “cenas lezamianas”.     

[5] Ver: Del Valle, Adrián: “Un centenario. Contribución de Louis Kuhne a la ciencia de curar”. Marzo-junio 1936 En: Pro-V ida. Órgano oficial de la Casa “Pro-Vida”.  

[6] Ver en este sentido el texto de  Núñez Vega antes citado

[7] Memorias de un manzanillero. pág.38. Ediciones Orto, Manzanillo, 2011.

[8] Idem. Pág.45-48

[9] No hemos podido definir aún el significado de este término que emplea Epifanio en este texto

[10] Aunque habría que decir que un número considerable de avalados  estudiosos contemporáneos sobre el tema, validan con creces las perspectivas de pensamiento de Epifanio Sánchez. Para una visión de conjunto de esta corriente de ideas, ver  Jorge Riechmann: Cuidar la T(t)ierra. Políticas agrarias y alimentarias sostenibles  para entrar en el siglo XXI. Icaria Ediciones, Barcelona, 2006.

[11] Ver el excelente trabajo de la investigadora manzanillera Josefina M. Suarez Serrano “Julio Cesar gandarilla contra el yanqui” en: Temas. Abril-julio 2014, pág.108.

[12] En las memorias de Baby Bellido, vecino veterano del batey del central de Báguanos en Holguín, recuerda que en ese escenario la tienda La Comercial “era toda una institución social, como un infinito almacén de maravillas (…) toda la vida doméstica podía girar a su alrededor sin ninguna insatisfacción.” No obstante ese intenso proceso de deculturación, afortunadamente, nunca es absoluto. En otro momento Bellido también rememora: “En [nuestra] conuca había algo que hacer todos los días, bueno lo mismo que en la hortaliza del Chino Papa. Pero yo creo que esos son trabajos hermosos que le dan a uno felicidad.”  Sobre estas temáticas y otras de  una excepcional riqueza informativa sobre el mundo azucarero del norte del oriente cubano, Ver: El humo de Battle Creek. Ediciones Holguín, 2010, del multifacético escritor y activista social baguanense Rolando Bellido, hijo de Baby Bellido.

En el Boletín No. 5 del Sindicato Nacional de Obreros de La Industria azucarera de la Central Sindical Tacajó  de 1934 encontramos escuetamente la propuesta: “Es necesario que se disponga el reparto inmediato de las tierras, para sembrarlas de frutos menores y hacer más llevadera la actual situación de hambre que atravesamos”. En: Historia local del municipio de Báguanos, 1986. Pero cuando un año antes, y de manera pionera en el país, plantean su primer pliego de reivindicaciones estas cuestiones no están presentes:

 “Que se pague un jornal mínimo de 1 peso a los trabajadores del central y de 80 centavos a los de la agricultura

Reducir la jornada laboral a 8 horas con tres turnos de trabajo

Que a los pesadores que están a sueldo se les pague por ajuste  de 3 a 4 pesos diarios

Que se garantice casa, agua, y luz eléctrica para los trabajadores

Que los trabajadores de la línea del ferrocarril dispongan de “chispas” para trasladarse

Que se le rebaje el peso de los sacos de azúcar de 325 a 250 libras

Que se pague a los trabajadores del piso de azúcar 18 pesos por cada millar de saco estibado.

[13] Ver: Larramendi Mecías, Ángel; Maritza Labrada Batista: Orbita de Orto 1912-1957. Prólogo. Ediciones Orto, Manzanillo, 2012.

[14] No tenemos claro aun cuál fue la evolución  ideopolítica del Grupo Literario de Manzanillo en sus años de existencia, pero no nos cabe duda que en ningún momento de su historia debió haber comulgado con los regímenes políticos que asolaron a Cuba en sus años de existencia, ni se plegaron a los indecorosos “auspicios” que siempre ofrecen los políticos de toda laya y época.

[15] Ya para mediados de 1946 el propio doctor Tirso Urdanivia formula en una editorial de Pro-Vida,  de mayo-junio de ese año un “Mensaje de paz naturista-libertario”  que expresa esa confluencia de ideas.

[16] Anarquista catalán, activo desde fines del siglo XIX en los circuitos ácratas de la Florida, La Habana, New York, Boston, Barcelona, y del sur de Italia. Con esa red de relaciones organizó la notable revista habanera Nuevo Ideal  entre 1899-1903. Establecida la república fue uno de los adalides de la segunda generación anarquista en Cuba, desplegando en los medios obreros cubanos más combativos una intensa actividad cultural, produciendo una gran cantidad de ensayos y obras filodramáticas para espacios de teatro que mantuvieron varios sindicatos habaneros, así como textos de interesante calado filosófico, novelas y artículos para la prensa más seria de la época. Con la crisis que atraviesa  el anarcosindicalismo en La Habana desde fines de los años 20 y ante la creciente hegemonía de los comunistas en esos medios, re-orientó su intenso activismo social hacia el movimiento naturista habanero. Su prestigio en el campo intelectual habanero le valió que le fuera conferido el cargo de administrador de la biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País, cargo que ocupó entre 1918 y 1945, periodo en el que desarrolló una labor fundacional, hoy olvidada o escamoteada en el manejo y gestión de fondos bibliográficos.   Uno de sus más afamados admiradores fue el novelista Carlos Loveira, quien le dedicó una conferencia en la Academia Nacional de Artes y Letras el 13 de febrero de 1927.       

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